Susumu Yokota – Symbol [2005]
Presentar al prolífico músico electrónico nipón Susumu Yokota puede suponer un problema debido a la extensión y variedad de su obra. Quizás en Occidente su faceta más conocida sea la de activista musical en el terreno de la experimentación y el ambient, pero en su Japón natal también posee una vasta carrera dentro del mundo del house tanto como productor como dj escondido bajo numerosos pseudónimos tales como Ebi, Ringo o Stevia, o participando en la creación de compilaciones para el sello de house Hed Kandi . Este Symbol, editado por -creo recordar- Lo Recordings (Aphex Twin, Thurston Moore) que hoy recuperamos es el décimo séptimo álbum de estudio de Susumu Yokota.
La principal característica de estas trece canciones es la ausencia de composiciones propias, al menos en su totalidad. Yokota emplea el sampleo selectivo de distintas piezas musicales provenientes del romanticismo y las ensalza, las adereza, con una sutil amalgama de loops, percusiones programas y sintetizadores. En este encuentro de la música clásica de finales de XIX con la electrónica de vanguardia encontramos disecciones del Cascanueces de Pyotr Tchaikovsky, El Carnaval de los Animales del romántico tardío Camille Saint-Saëns y un profundo gusto y uso de la obra moderna del compositor de vanguardia John Cage. Acompañando a estos samplers, mínimos en ocasiones, extensos en otras, encontramos la extraña y bella profusión vocal de Meredith Monk. Al tiempo -aunque esta afirmación queda suspendida en el aire-, parece existir una clara reminiscencia a los trabajos para piano de Ludwig Van Beethoven e incluso un acercamiento a la figura de Modest Mussorgsky (datos estos que cruzan una frontera infranqueable de desconocimiento, pero que, incluso nos llevan a pensar, aunque sea por un segundo, en Fantasia [1940] bajo la batuta de Leopold Stokowski).
El disco avanza, corte a corte, en una suerte de banda sonora onírica plagada de recuerdos ya vividos. Lejanas ensoñaciones que parecen volver una y otra vez ante la insistente repetición de formas y estructuras. Ajeno al minimalismo formal, las prestaciones de una orquesta sinfónica otorgan a sus canciones fuerza y pasión, cargan de dramatismo circunstancial a quien las perciben y otorgan viveza sensorial. Sobre ellas, aflora el trabajo vocal de Monk formando un enjambre etéreo que, junto a la profusión de repeticiones, elevan este disco más allá de una simple condición terrenal.
Susumu Yokota ofrece la posibilidad de recorrer, casi a vista de pájaro, un camino muchas veces recorrido e incluso manido. Presenta lugares comunes en la memoria colectiva de la música clásica y engendra en esta nueva visitación un compendio de canciones de alto nivel expresivo en las que destacan sus composiciones propias debido a la profusión de elementos inorgánicos. La cadencia rítmica, los beats, aumentan en el último tercio del disco acercándose a una suerte de trip-hop deconstruido, recuerdos al hip-hop abstracto más convencional, sobre la cual se deslizan primeros y segundos violines, pianos y coros cuasi celestiales.
